lunes, 4 de enero de 2010

CASANDRA

-Troya caerá

Los hombres no hicieron caso. Paladines, soldados, lugartenientes, todos estaban imbuidos en la configuración de la estrategia que seguirían en la lucha contra los aqueos. El dios había castigado a la sacerdotisa: nadie daría por ciertas sus palabras, jamás.

“¿Y quién se extraña de ello?-pensaba Casandra-Yo, iluminada por los dioses, hago profecías, leo el futuro en las estrellas. Si, de algún modo, alguien llegara a creer mis palabras; si los troyanos dieran crédito a mis predicciones fatalistas sobre el fin de Troya, es seguro que pondrían todo su esfuerzo en evitar tal desastre. De este modo, mis augurios se considerarían falsos, pues yo habría anunciado la muerte y los hombres, habiendo creído mis palabras, habrían evitado tal muerte, convirtiendo en falsas mis palabras. Así, yo, Casandra, quedaría como mentirosa. Si Troya permanece en pie, no seré más que una charlatana tremendista.”

-Troya caerá-repetía con cansina seguridad

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