sábado, 9 de enero de 2010

Un lindo de discurso de bellas palabras

Al calor del pensamiento único globalizado está emergiendo en España un discurso poscomunista, posmarxista y posmoderno que pretende totalizar el campo de la izquierda. El desamparo teórico en que dejó las alamedas cortadas de cuajo de Allende, el consenso y la transición, y la caída del Muro de Berlín a la izquierda transformadora española se quiere rellenar y revitalizar ahora con presupuestos fundacionales, en apariencia inéditos, construyendo un discurso de laboratorio entre las elites académicas, los líderes de opinión mediática y los dirigentes profesionales sin diálogo directo con la realidad que se vive día a día en la calle.

Es un recetario que esconde y evita el conflicto latente, elaborado a partir de categorías sociopolíticas extensas y no problemáticas con el propósito de llegar a amplias mayorías electorales eludiendo el concurso de la vitalidad ciudadana. En suma, se quiere imponer un discurso que hegemonice sin discusión previa y que se asimile por obra y gracia del miedo atávico al militarismo de la derecha.

Hablamos de un discurso, que bajo la fórmula del debate altruista por arriba, quiere edulcorar y reconducir el tono de las aspiraciones y reivindicaciones de clase a un juego de imagen con las cartas marcadas entre la derechona montaraz de siempre y la izquierdita inteligente y posibilista de toda la vida, o sea, el bipartidismo paralizante PP-PSOE.

La realidad ya no es el campo de batalla de esta izquierda de gurús ilustrados y autosuficientes. Su escenario preferido es ahora el discurso, una competición de esgrima a base de escarceos guerrilleros de baja intensidad donde la sangre no llega nunca al río metafórico de la competición política. En cualquier caso, en esta disputa nadie pierde: el sistema de prebendas hace las derrotas siempre dulces, siempre hay un puesto remunerado en la trastienda pública para recompensar los servicios prestados a la patria común, esto es, la democracia representativa capitalista.

Este discurso blando tiene los siguientes ejes fundamentales precocinados en fogones ajenos a la realidad cotidiana: cambio de modelo productivo y educativo sin postular una nueva sociedad, economía social de mercado bondadosa amén de sostenible, Europa como bandera emocional de enganche poniendo fronteras a la otredad, control de los mercados financieros evitando tocar las estructuras de poder existentes, I+D+i a lo grande sobre bases desarrollistas ancladas en un progreso infinito, fiscalidad atenuada, memoria histórica como pacto entre caballeros y mucha globalización humanitaria de salón a modo de papel celofán que todo lo envuelve en un sorprendente regalo de hermosas palabras.

Esa izquierda diminuta está confeccionando su traje con eufemismos mixtificadores y silencios elocuentes que mirados de cerca dejan ver a las claras sus conciencias anegadas de sueños rotos y adaptaciones descarnadas al pensamiento único.

Jamás hablan de los logros de Cuba ni del bloqueo criminal USA, ridiculizan a Chávez y Morales sin entrar al detalle de sus políticas transformadoras, pasan de puntillas por la experiencia depredadora de China, Palestina ha quedado reducida a un pin de estilo, eluden la crítica a Obama a pesar de seguir embarrado en guerras surrealistas e ideológicas contra el terrorismo, creen en el laicismo como un tótem de tolerancia no beligerante mientras enmudecen ante las ofensivas fundamentalistas de los católicos, nunca les oiremos hablar de explotación pero sí de productividad y piden diálogo social a diestro y siniestro sin escuchar a las bases ni el sentir popular disperso en millones de contenciosos de supervivencia y soledad.

La precariedad que habitamos es de tal envergadura que ese discurso podría tener éxito un instante electoral para caer en el olvido de los pragmatismos superados por la realidad fuerte del día a día. Si callamos, otro discurso suave vendría a reemplazar al anterior.

Es cierto: hay que elaborar un nuevo discurso, pero no podemos dejarlo en las manos y en las mentes de políticos profesionales de pasados heroicos y de técnicos demoscópicos con la vida ya resuelta y futuros bien amueblados. Reflexionemos en voz alta: las elites viven de interpretar la realidad con el propósito de preservar sus intereses ocultos.

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