viernes, 8 de enero de 2010

CANTATA POPULAR DE TRES SUJETOS PASIVOS EN BUSCA DE SU PROPIA IDENTIDAD

Ese corpiño en pena que transita a paso militar por allá trabaja 8 horas diarias en un complejo industrial, vulgo fábrica, situado en Siglo XXI, una burbuja de cristal de tamaño planetario. Labora para el Capital, un feudo difuso que se extiende allende cualquier frontera imaginable. El rancho privado donde mora el señor del castillo es conocido bajo seudónimo como Globalidad, así bautizado sin más por don Neo Liberalismo y doña Pos Modernidad, dios él del Fin de la Historia y ella diosa del Final de la lucha de clases fatal.

El alma pone sudor para calmar su necesidad intrínseca, reproducir su fuerza para volver a trabajar. Idiosincrasia marxiana de proletario terráqueo define su esencialidad. Da todo por sobrevivir y una hermosa parte regala al capital, deo gratias plusvalía, siempre por Ti majestad. Así millones de almas, con muda y disciplinada pasividad, se entregan globalmente a la globalidad. Ofrecen lo que saben, otorgan en armonía celestial, y a ritmo de tran tran, sencillamente se van. El beneficio es mutuo, no vayan a creer a Marx (Karl), salario para el trabajo, mucho interés para el capital. ¡Pobres y ricos disfrutan por igual, unos menos y otros más! ¡Viva la libertad de trabajar! ¡Viva la flexibilidad! ¡Viva la diversidad! ¡Viva la precariedad! Sin embargo, esto no es el final.

Al terminar la jornada de para ellos la plusvalía y para nosotros el trabajar, el alma en pena camina hacia la normalidad, un circo público donde todo es propiedad, estamos de vuelta en la ciudad, un espacio patrocinado por el silencio para que todos, incluso todas, que aquí la democracia es radical y no discrimina por género, en la masa la igualdad es el rasero ideal, decíamos que en la urbeurbanidad estamos, estamos por estar, el alma se ha transformado, ciudadano es, nada de trabajar. Atrás quedan 8 horas de esforzado callar, ahora mismo habitamos otra forma de estar… callados, y todo por no desentonar. ¡Ah la polis!, transporte colectivo, correr por llegar en masa, a la familia, al cuarto de estar o bien a la participativa soledad. El hogar: la cena, la televisión, instantes de solaz escape y fugacidad. Entre cuatro paredes hipotecadas (¡al capital!) transcurre el ciudadano su misión vital, no inmiscuirse en líos e ir haciendo sociedad como la gauche divine, apurando con sobriedad la misma mismisidad, ¿qué tal?

Un inciso científico a la vez que estadístico, si hemos contado ok llevamos dos sujetos (pasivos, esto es) sin ninguna identidad, trabajador de 7 a 3, ciudadano de 3 a 7, hasta aquí todo fetén, de lunes a viernes para qué más, en el reino de la precariedad yantar silencio y libar soledad hacen un matrimonio la mar de requetebién.

Nos falta un sujeto para redondear la cantata popular, precisamente el más jovial y dicharachero, el más más en sentido estricto, un alma que se eleva como un espíritu travieso de viernes a domingo en una orgía multidisciplinar. Al grito de viva la diversidad entra en tropel en el centro comercial (antes mercado en tiempos de la modernidad) y allí expande sus dotes culturales de ociosidad como un poseso. A tanto llega su clímax emocional que destruye sus deseos en un sueño irracional, sin advertir que en cada fetiche adquirido va incorporado parte de su yo laboral. ¡Qué más da! ¡Lo material no tiene valor! ¡Lo que cuesta vale más! Ya lo decía Marx (Groucho), es absurdo pensar cuando pensar no tiene precio (no lo dijo Groucho, esta es la verdad, pero podría haberlo dicho cualquiera de los Marx).

Pero ¡oh, contradicción dialéctica!, el weekend también trae su negación consigo, el eclipse total, el consumidor se ha consumido en un samedimanche. Vuelve el lunes, y así toda entera es la globalidad, trabajar por obligación, vivir por instinto, consumir por ser más…

La cantata popular toca a despedida, como habrán observado YO soy el trabajador, el ciudadano y el consumidor en busca de mi propia identidad hecha trizas. Y TÚ, ¿quién eres?

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