Son paréntesis
en un mundo
deshabitado.
El café
mañanero
rodeado
de francotiradores.
Los gritos
de la canalla.
Ruidos
habituales.
Murmullos
amorfos
andamios
al raso
intemperies
de costumbre
atalayas
que se rompen
y vuelven
a romperse.
El día
renace
acostado
entre amores propios
y soledades.
El día sigue
recurrente
como una tautología
absorbiendo
mínimos detalles.
Son excepciones
transformadas
en recuerdos.
Todo es mirada
que se repite
o viajero
del infinito.
Clavos
provisionales
mojones
de que aquí
tal vez
algo ha pasado.
La vida
obsesión
por vivir
la vida.
Vivir adrede
decía nos dice
Benedetti.
¿Vivir sin palabras?
¿Vivir de palabras?
No hay
respuestas.
Solo
botellas
anónimas
con mensajes
indescifrables.
Solo soledades
entre dos momentos
tan gemelos
tan dolorosamente
idénticos.
El hombre concreto
trepa por el aire
para confesarse
con la muerte
cara a cara.
En la cota
más elevada
descubre
lo que sabía
nada es nada
únicamente
paisaje.
Nada
eso es todo.
Machete al anarcomacho
Hace 12 años

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