martes, 23 de febrero de 2010

Gigante

La puerta se ha cerrado.
Nunca se sabe
si para siempre.
En la tiniebla
un hombre
y con él
un mar desierto.
De aquí
o traición
o esperanza.
El gota a gota
cayendo
sobre la tinaja
inerte.
El humo se levanta
y rebota
hasta disiparse.
Hombre contra hombre.
Equidistancia cero.
El reloj cuenta
pero no pasa nada.
Silencio
alrededor
de silencio.
Perfil
de sombra.
Un nadie
llamado
Gigante.
El dedo índice
dibujando
un círculo
con las entrañas.
Hay que huir
escaparse
vaciar
el tiempo
de arena.
Cualquier gesto
insignificante
hace historia
historia sin historia
locura
para romper
las cadenas.
Cadenas compañeras
prisiones amigas
rozamientos
luz interior
que abrasa.
Ceniza cósmica.
La cárcel
es inabarcable.
Contiene
un mundo viejo
de ramilletes secos.
Pero el hombre
lo humedece
con palabras.
Espacio
de sentido
absurdo.
Vereda
sin salida.
Espiral
de pánico.
Vértigo
de tocarse.
Flechas
que se disparan
automáticamente.
El hombre
tiene
que suspirar
el poema.
El hombre
termina
a la fuerza.
Como un ausente
el hombre
vive
la muerte
en el devenir
de la existencia.
Existiendo
entre
cuatro verticales
clavadas
en el aire.
Pura violencia.
A tierra abierta.
Bajo palio
de noche
bañada
en sangre.

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