El tugurio que me contiene
lo matas al instante
con tu misterio, con tu musitar leve.
He construido esta mañana
de letanías, de duermevelas
donde voy tu impronta sobreviene.
A caladas hondas, a intervalos
el espejo asoma a la bruma del silencio
un destello que me difumina y asombra.
¿Soy camello, león o inocencia?
¿Puedo, debo, quiero tal vez?
Es un desierto cercando al superhombre.
Salir de las horas, extrañarse.
¡Incendiar el destino en las afueras!
Extraviando la evidencia del miedo.
Dulce absurdo transitar en la cuerda
y caer, y levantarse, para inventar lo inefable.
El camino escapa de la mirada hambrienta.
Acontecer ebrio de nostalgias
mientras, de sí mismas, huyen las palabras.
Más allá, no existe nadie.
Esta mañana lleva tu aliento.
Machete al anarcomacho
Hace 12 años

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