Ha regresado la ausencia, el día que se repite en una existencia-mundo donde esperar no es lo mismo que vivir en la esperanza. La fuerza formidable del círculo abrasa cualquier atisbo de explosión utópica. El momento fagocita por igual a la lejanía filosófica y a la certeza absoluta. No hay escapatoria; la duda ha perdido su sonrisa cautivadora; los alrededores se han poblado de dunas suaves de molicie. Todos los soliloquios suenan a lo idéntico: a luz cegadora de velocidad infinita. Así las cosas, así la muerte lenta.
No hablas.
Inquieta tu silencio cuando ensayas la distancia.
No dices palabra.
Sólo mirar adentro.
No hablas, pero niegas.
Vives en el horizonte.
Cada instante te lleva.
Te contienes en esencia.
Eres y no eres la brevedad infusa.
Una oda al pánico.
Fuera de sí, los hechos cantan.
A dentelladas.
Lo sé porque callas.
Porque amanece.
Porque tus ojos sangran.
Porque el azul se torna rojo.
Por nada.
Machete al anarcomacho
Hace 12 años

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