Horas primeras del día. Septiembre. Mañana de domingo en las proximidades del Centro de Arte Reina Sofía. Los volúmenes imponentes de arquitectura inexpresiva difuminan a las personas. Sol luminoso aunque tímido. Mucho cemento, poca esperanza, realidad aplastante.
Rompiste la geometría de la plaza
sin pretenderlo. Ajeno a ello
un perro jugaba a ser perro.
Todo invitaba a buscarse.
Sacaste el plano. Yo te miré.
Fiel a su tautología, continuaba el perro.
Por sorpresa preguntaste al espejo.
Me refugié en nuestra distancia. Respirabas estilo.
El perro era blanco y negro.
Encendiste un cigarrillo para solemnizar el momento.
Me fui quedándome y tu halo persiguiéndome.
Del perro sé lo que tú, pero su nadería me invade.
Machete al anarcomacho
Hace 12 años

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