Estamos en Navidad, momento en el que, así como se dispara el consumismo, también se dispara el gatillo, aumentando el número de mujeres que mueren, que son asesinadas por sus parejas, por los patriarcas, por la sociedad patriarcal, y por el capitalismo. Puede parecer excesivo nombrar a tantos responsables de la muerte de una mujer. Pero sólo lo parece. Es cierto, los telediarios muestran el suceso puntual, y las masas, sedientas de justicia, bajan el dedo pulgar, condenando, exigiendo la vida y el honor del hombre que ha osado cometer el crimen. Y ahí se queda todo, pasamos a otra noticia. Cargados/as de odio, de un odio personal. Y pocas veces clamamos por la justicia social, por el fin del sistema socioeconómico imperante, el sistema ideológico y de valores que es el verdadero responsable.
Ese marco ideológico que nos impregna, y desde el cual lanzamos nuestros juicios. Ese marco que incluye una visión heterosexual de la sexualidad, en la que la humanidad está dividida en dos mitades complementarias que irremediablemente se atraen. Es biológico, según algunos/as, son las hormonas. Y desde la base de lo científico se justifica la diferenciación de género (comportamientos, estética, etc). Pero, es cierto, este discurso científico es frío. Por eso, frente a la sexualidad heterosexual y patriarcal negadora del placer de la mujer, y que define a ésta como un objeto, exhibiéndola en los múltiples escaparates de la publicidad, frente a todo ello, encontramos el amor romántico. Ese amor neoplatónico de la idealización, de lo inalcanzable, de lo sublime, de lo irreal. Ese amor de la posesión, de la monogamia, de la media naranja.
¿Y el capitalismo que pinta aquí? El capitalismo es el que mercantiliza el afecto, las relaciones, el placer, los roles. La necesidad del crecimiento económico se sirve de cualquier argucia. Por eso, crea una sexualidad enferma, para seres enfermos de consumirla. Y crea un amor-droga, un amor blando, de la evasión, del dejarse llevar, y, a la vez, de la posesión, de la venganza, de la amenaza, de la violencia. Un sistema, en fin, que hace creer que es libertinaje lo que es libertad, que es amor lo que es sexo, que es sexo lo que es reproducción. Que condena el aborto como un pecado abominable para poder controlar el cuerpo de las siervas del Señor, que mantiene el estigma de la palabra “PUTA”(y un largo etcétera).
Y en estas fechas tan señaladas, se seguirá promoviendo el rol de las mujeres vestidas de gala, peinadas, maquilladas, depiladas, católicas, apostólicas, romanas, siervas, amas de casa, amantes, esposas, putas, sumisas, CANSADAS.
Feliz solsticio de invierno a todas/os.
Machete al anarcomacho
Hace 12 años

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