martes, 8 de diciembre de 2009

FELICIDAD

Felicidad. Cuatro impulsos de voz y un destino. Mirarla de reojo. Esquivarla como a una vieja loca. Susurrarla entre temblores y dormirnos en su eco.

La felicidad nos causa más temor que la muerte. Ésta es una cita segura mientras que aquélla se escurre por la vida como un mito, un tabú o una quimera.

A cualquiera que se atreva a decirse feliz le colgamos el sambenito de idiota. Los idiotas son felices, pero nunca podrán sentirse felices por ser idiotas. Cruel paradoja, luego ser feliz es perder la conciencia.

En cambio, no ser feliz es elevarse a la cumbre del Poeta. La no-felicidad del masoquista es la felicidad del cuerdo. ¿Ser feliz de no ser feliz? ¡Extraño relámpago sin trueno!

Para aproximarnos a este juego inasible de la felicidad hemos encontrado una fórmula mágica: la felicidad es un instante. ¿Y qué es, entonces, ese instante tan profundo y dulce? ¿Ausencia de tiempo? ¿Espacio vacío tal vez?

Quizá la felicidad sea una pregunta más que una respuesta. Mas qué pregunta. ¿Soy feliz? ¿Te hago feliz? ¿Somos felices? Sólo vale responder con otras preguntas: ¿existe la felicidad?, ¿no es la felicidad la diosa o el tótem de los ateos?

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